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sábado, 25 de enero de 2020

En una Beijing fantasma, el coronavirus arruina el Año Nuevo Chino

PEKIN, 25 enero 2020 (AFP).-  Normalmente es un día de fiesta, con tambores y dragones. Pero este año, con un nuevo coronavirus, Beijing se convirtió en una ciudad fantasma durante el Año Nuevo Chino.

Los dos grandes parques de la capital, que acogieron a 1,4 millones de visitantes para las festividades en 2019, mantuvieron cerradas las puertas el sábado en el inicio del año de la Rata, el primero de los 12 signos del zodiaco chino.

Para reducir el riesgo de contagio, las autoridades optaron por cancelar las celebraciones en el último momento. No hay baile del león y del dragón, ni orquestas de tambores y platillos para asustar a los malos espíritus haciendo el mayor ruido posible.

“Esto no se parece al Año Nuevo”, lamenta Li, de 21 años, delante de las puertas cerradas del Templo de las Lamas, donde los budistas fervientes suelen hacer cola al amanecer para ser los primeros en quemar el incienso del primer día del año.

En la puerta del templo, que contiene un buda gigante, un cartel explica que el sitio permanecerá cerrado hasta nuevo aviso para “proteger la salud de las masas religiosas y de los monjes”.

El año pasado, más de 80.000 personas vinieron a recibir el Año Nuevo. Esta vez, guardias uniformados, con la cara cubierta con una mascarilla protectora, invitan a los transeúntes a irse.

Beijing está a más de 1.000 kilómetros de Wuhan, el epicentro de la epidemia que infectó a casi 1.300 personas desde diciembre, de las que 41 han muerto.

Wuhan y su región están aislados del mundo desde el jueves.

Restaurantes vacíos

La capital, de 20 millones de habitantes, que cuenta con 35 casos confirmados, prefirió cerrar lugares turísticos famosos como la Ciudad Prohibida, el antiguo palacio de los emperadores, así como tramos de la Gran Muralla.

“Cuando nos fuimos de vacaciones, la situación no era todavía demasiado grave”, cuenta una turista del sur del país, que llegó a la capital justo antes del anuncio del cierre de los lugares turísticos. “Estoy preocupada, pero también creo que no tiene sentido preocuparse”, afirma con respecto a la epidemia.

Después de ignorar el brote durante semanas, los chinos parecen haber reaccionado con decisión cuando el presidente Xi Jinping llamó el lunes a detener “resueltamente” el virus.

Poco antes, el país había reconocido que el virus se transmite entre humanos, y no solo de animales a humanos. Como resultado, muchas personas prefieren quedarse en su casa, en un Beijing ya vaciado de sus trabajadores migrantes, que optaron por pasar el Año Nuevo en su provincia natal.

En un pintoresco barrio de casas antiguas, cerca del lago Huhai, los bares y restaurantes para turistas, abiertos a pesar del Año Nuevo, están casi vacíos. Las calles antiguas decoradas con linternas rojas y banderas nacionales del mismo color parecen extrañamente tranquilas.

“No hay mucha gente. El virus sí que tiene un impacto”, observa Huo, un ciudadano de 63 años. “Pero en 2003, el SRAS (Síndrome Respiratorio Agudo Severo) fue mucho más grave”, recuerda, refiriéndose a la epidemia que mató a unas 650 personas en China continental y Hong Kong.




La fiesta más festiva de China comenzó a la sombra de un nuevo virus preocupante el sábado. el número de muertos superó los 40, un bloqueo sin precedentes evitó que 36 millones de personas viajaran y las autoridades cancelaron una serie de eventos del Año Nuevo Lunar. (Foto: AP).







Un trabajador desmantela un carnaval construido para una feria del templo del Año Nuevo Lunar cancelado en el Parque Longtan en Beijing. (Foto: AP).




Una mujer con una máscara facial pasa por los puestos de mercado parcialmente desmantelados para una feria del templo del Año Nuevo Lunar. (Foto: AP).



Un guardia de seguridad con una máscara facial pasa junto a un puesto decorado con una imagen de la Ciudad Prohibida ahora cerrada en una feria del templo del Año Nuevo Lunar. (Foto: AP).



Para reducir el riesgo de contagio del coronavirus, las autoridades optaron por cancelar las celebraciones del Año Nuevo Chino en el último momento. (AFP)



Normalmente es un día de fiesta, con tambores y dragones. Pero este año, con un nuevo coronavirus, Beijing se convirtió en una ciudad fantasma durante el Año Nuevo Chino. (EFE).




La capital, de 20 millones de habitantes, que cuenta con 35 casos confirmados, prefirió cerrar lugares turísticos famosos como la Ciudad Prohibida, el antiguo palacio de los emperadores, así como tramos de la Gran Muralla. (Reuters).



Los dos grandes parques de la capital, que acogieron a 1,4 millones de visitantes para las festividades en 2019, mantuvieron cerradas las puertas el sábado en el inicio del año de la Rata, el primero de los 12 signos del zodíaco chino. (AFP).





Después de ignorar el brote durante semanas, los chinos parecen haber reaccionado con decisión cuando el presidente Xi Jinping llamó el lunes a detener “resueltamente” el virus. (AFP).



Los turistas que usan máscaras protectoras para ayudar a detener la propagación de un virus mortal similar al SARS que se originó en la ciudad central de Wuhan, observan la puesta de sol en el parque Jingshawn con vista a la Ciudad Prohibida. (AFP).



Beijing está a más de 1.000 kilómetros de Wuhan, el epicentro de la epidemia que infectó a casi 1.300 personas desde diciembre, de las que 41 han muerto. (EFE).
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Vista de una plaza vacía fuera de un centro comercial después de que se cancelaron las celebraciones del Año Nuevo Chino 2020. (EFE).




Un repartidor mira su teléfono mientras descansa en su bicicleta eléctrica en Beijing. (Reuters).



El año pasado, más de 80.000 personas vinieron a recibir el Año Nuevo. Esta vez, guardias uniformados, con la cara cubierta con una mascarilla protectora, invitan a los transeúntes a irse. (EFE).



“No hay mucha gente. El virus sí que tiene un impacto”, observa Huo, un ciudadano de 63 años. (AFP).



jueves, 23 de enero de 2020

Así es la sopa de murciélago, vinculada con el coronavirus

PEKIN, 23 enero 2020 (Excelsior).- ¿Cómo se transmite el coronavirus? Hasta el momento no se ha confirmado el agente portador y el mecanismo de transmisión. Se cree que tiene un vínculo con los mercados de mariscos y venta o contacto con animales de corral o salvajes en el Asia Oriental. Se ha confirmado la transmisión de humano a humano.

Y aunque las autoridades en México descartaron por completo la presencia del coronavirus chino en nuestro país, el mundo entero sigue en alerta, continúan buscando el origen de la cepa (se sabe que fue en un mercado de comida en la ciudad de Wuhan, China), así como alguna posible vacuna.

Una de las investigaciones que está llamando la atención, sobre todo en redes sociales, es la publicada hace un par de días por algunas revistas científicas. De acuerdo con un estudio dado a conocer por la revista Science China Life Sciences, el cual fue patrocinado por la Academia de Ciencias de China en Beijing, el nuevo coronavirus está estrechamente relacionado con una cepa existente en los murciélagos.



"El hecho de que los murciélagos sean los anfitriones nativos de Wuhan CoV (coronavirus) sería un razonamiento lógico y conveniente, aunque todavía es probable que haya huéspedes intermedios en la red de transmisión de murciélagos a los humanos", dijeron los investigadores.

Ese estudio no especuló sobre qué animal podría haber sido un "huésped intermedio", pero un segundo estudio de la Universidad de Pekín, publicado en el "Journal of Medical Virology", identifica a las serpientes como posibles transmisores.




Por otro lado, la revista "New Scientist", publicó una investigación en la que comparó el genoma de cinco muestras del nuevo virus con 217 virus similares recolectados en varias especies. La conclusión fue que el nuevo coronavirus, identificado como 2019-nCoV, tiene coincidencia con el virus que se encuentra en los murciélagos, pero se parece más al virus que se encuentra en las serpientes.


Sopa de murciélago, un platillo común en China


Una vez dada a conocer esta información, surgieron innumerables fotos de la sopa de murciélago, un platillo ampliamente consumido en Wuhan.



La sopa de murciélago, conocida por los turistas como “Fruit bat soup” se prepara con murciélago cocido abierto y acompañado con fruta o leche de coco. Dicen que sabe a “caldo de gallina” y desde hace mucho tiempo los médicos han advertido de lo tóxica que puede ser para los humanos. El murciélago también se consume en aquella región de forma frita o hervida.



El murciélago se consume tradicionalmente en China, pero también en Indonesia y otras regiones de Asia.

Fotografías: (Excelsior)

martes, 14 de enero de 2020

Conoce el Museo de los Duendes



PACHUCA, 14 enero 2020 (AP).- En Huasca de Ocampo, un pueblo pintoresco enclavado en la Sierra de Pachuca, los duendes se han convertido en protagonistas de un sinfín de travesuras, bromas y objetos perdidos, al grado de sorprender a más de uno y hacer dudar a muchos escépticos. La razón es simple pues en este misterioso lugar, que forma parte del Corredor de la Montaña hidalguense, los traviesos o mejor dicho malvados duendes, suelen desaparecer las carteras, las llaves del automóvil o los calcetines de quienes por curiosidad llegan a visitarlos.

Pero, al parecer, lo que más disfrutan es trenzar el cabello como lo hacen con las crines y las colas de los caballos, pues en las noches dejan unos trabajos en forma de columpios que son todo un arte, incluso difíciles de hacer para un estilista profesional, comenta Cristina Cortés de Herwing. Esas historias y leyendas son el motivo por el que el Museo de los Duendes abrió sus puertas hace 15 años. Se trata de una casa de madera instalada en medio del bosque, parecida a la de los cuentos, con abundante heno colgado sobre las ramas de los árboles.

Compuesto por tres salas, el recinto tiene una colección muy amplia de figuras de duendes, elfos, trolls y hadas; además cuenta con fotos, testimonios y los famosos “trenzados” elaborados por los propios “niñitos” para jugar. Todo como prueba de su existencia en los alrededores de este Pueblo Mágico.

Para Cortés de Herwing, todo empezó cuando, en 1999, dos mujeres jóvenes murmuraban acerca de lo que los “chamaquitos” les hicieron la noche anterior y, al tratar de despejar sus dudas conversando con ellas, descubrió que todo se trataba de duendes y quedó sorprendida. Sin embargo, a partir de este suceso, se enteró que el rancho que habitaba desde cinco años atrás guardaba relatos de estos seres fantásticos y su inquietud la llevó a investigar con la gente y observar todo aquello que la condujera a los “niñitos”.

El 5 de febrero del 2000, Cristina Cortés, cortó la primera trenza que apareció en el crin de ´Bandolero´, uno de sus caballos favoritos, que a pesar de verlo seguía sin creer ya que es estilista de profesión y sabe lo que cuesta trabajar con cabellos humanos y todavía más con cerdas tan rígidas y difíciles de manejar. Desde entonces ha dedicado parte de su vida a indagar en el tema. Preguntó a todos aquellos que se encontraba en su camino, sobre todo a las personas mayores.

El reto entonces comenzó para documentar la información con testimonios y evidencias reales, lo que significó muchos años de investigación empírica para dejar atrás el mito y darle vida a cada relato reunido en el Museo de los Duendes.

Se cuenta que hace tiempo una niña, acompañada de sus abuelos, vistió el museo y desde entonces jugaba constantemente a decir que ella era un duende, pero nunca imaginó que el abuelo ya lo había visto porque le cerraba las llaves del agua y le escondía las herramientas. Se dice que un día el señor pidió a su “amiguito” hacerse presente sin asustar a su nieta que se había quedado dormida frente al televisor, y al despertar y tocar su cabello se encontró con un trabajo hecho por el duende. La pequeña estaba tan contenta y convencida, que al otro día llevó el fleco de su cabello al museo.

En 1994 ocurrió uno de los casos con mayor eco en el poblado. Un grupo de jóvenes fue de campamento al bosque, donde se encontraron con varios duendes haciendo una “fiesta”. Tras quitarse el miedo y aceptar la invitación de pasar toda la madrugada con los duendecillos, éstos les dijeron que no se hacen presentes a todos los humanos porque regularmente los agreden y los exhortaron a cuidar la naturaleza.

Así, Cristina recopiló cientos de relatos que sucedieron a niños, adultos y ancianos que de alguna forma fueron tocados por estos seres mitológicos, mágicos y difíciles de ver, incluyendo las crines trenzadas de caballos. También escribió el libro “Duendes… Con las Crines en las Manos”, que en su interior hay dibujos, fotografías de los famosos “columpios” y 58 testimonios de distintos lugares de la República Mexicana.



El Mueso de los Duendes es parte del atractivo del desarrollo ecoturístico Barranca Honda, localizado en el kilómetros 2.5 de la carretera Huasca-Tulancingo, San Miguel Regla, que está rodeado de un paisaje natural impresionante y ofrece una caminata nocturna en el bosque para llegar al “Árbol de los Deseos”, donde se relatan historias de duendes y hadas.

Fotos: LNN

jueves, 15 de agosto de 2019

Niño olvida su Woody en el hotel; empleados lo sorprenden

CIUDAD DE MÉXICO, 15 agosto 2019 (Excelsior).- Nada como salir de la ciudad y pasar unas ricas vacaciones ¿cierto?

Sin embargo, en ocasiones, después de tantos días de 'relax' al momento del regreso olvidamos empacar las cosas más importantes, como por ejemplo, el cargador, la cámara y hasta los juguetes -en el caso de los niños-.

YosStop habla sobre su video viral; dueño del barco explica su versión

Esto último fue lo que le pasó a Damian, un pequeño que olvidó su preciado Woody en el hotel Fiesta Inn ubicado en Los Monchis, Sinaloa, después de pasar unas vacaciones junto a su padre.

De acuerdo con el relato contado por Alejandro Castro (el papá) en Facebook, el muñeco está en muy mal estado, no tiene ni brazos, sin embargo, sigue siendo el predilecto de su hijo.

Como verán es un muñeco sencillo que no tiene ya ni brazos pero aún así es el juguete favorito de mi hijo", contó.

Por esta razón, al percatarse de la situación, llamó al hotel para preguntar por el juguete y pedir que se lo guardaran un par de semanas hasta poder regresar por él.

Para su sorpresa, cuando pasó por Woody, los empleados del Fiesta Inn se lo entregaron de una manera muy original con el objetivo de sacarle una sonrisa a Damián.

Los trabajadores al parecer se inspiraron en la película Amelie y retrataron al vaquero 'disfrutando' en varios lugares del hotel.

Vean la sorpresa que mis amigos de Fiesta Inn Los Mochis me tenían y de la manera de cómo se lo entregaron a mi hijo, un grandioso detalle que les comparto", escribió.












El post publicado el martes hasta el momento se ha compartido más de 87 mil veces y generado más de 202 mil reacciones.



martes, 6 de agosto de 2019

La extraordinaria historia del resort turístico manejado por espías de Israel



TEL AVIV, 6 agosto 2019 (BBC).- Arous era, en apariencia, un complejo turístico idílico en el desierto de Sudán, a orillas del Mar Rojo. Pero, en realidad, este sofisticado destino vacacional era la base de un grupo de espías israelíes con una misión secreta. El lugar inspiró una nueva película de Netflix, Red Sea Diving Resort, y la historia real es en muchos aspectos aún más notable.

"Arous en el Mar Rojo, un maravilloso mundo aparte", decía el folleto, que describía el lugar como "el centro de buceo y recreación de Sudán".

Con fotos de coloridos chalets sobre una playa soleada, una pareja sonriente con equipos de buceo y una variedad de peces exóticos, el anuncio ofrecía playas con "unas de las aguas más cristalinas del mundo", y vistas espectaculares.

El pueblo de Arous, cerca de un maravilloso arrecife de coral y uno que otro barco hundido, parecía ser el sueño de todo entusiasta del buceo.

Miles de folletos fueron distribuidos por agencias especializadas en toda Europa. Una oficina en Ginebra, Suiza, se encargaba de las reservas. Y, con el tiempo, cientos de visitantes eligieron este sitio como lugar de vacaciones.

Llegar requería una larga caminata. Pero una vez allí, podían disfrutar de las instalaciones de lujo, deportes acuáticos, buceo y una gran abundancia de comida fresca y vino.

Los comentarios en el libro de visitas eran muy positivos.

El folleto se parece al de cualquier otro de promoción turística.


Farsa

La Corporación de Turismo Internacional sudanesa también estaba contenta. Le había alquilado el lugar a un grupo de personas que se presentaron como emprendedores europeos, cuyo proyecto trajo algunos de los primeros turistas extranjeros al país.

La realidad era que, sin que lo supieran ni los turistas ni las autoridades, el resort del Mar Rojo era una farsa.

Era una fachada, establecida y controlada durante más de cuatro años a comienzo de la década de 1980 por agentes del Mossad, el servicio de inteligencia israelí.

La usaban para esconder una misión humanitaria extraordinaria: rescatar a miles de judíos etíopes varados en campos de refugiados en Sudán y evacuarlos a Israel.

Sudán era un país árabe enemigo y, por ello, esta misión tenía que llevarse a cabo sin que nadie se diese cuenta ni allí ni en ninguna otra parte.

"Era un secreto de estado, nadie hablaba sobre ello", dice Gad Shimron, uno de los agentes que trabajaba en el complejo turístico.

"Ni siquiera lo sabía mi familia".

Shimron dice que ni siquiera su familia sabía sobre la verdadera función del complejo turístico en Arous.


Situación difícil

Los judíos etíopes pertenecen a una comunidad llamada Beta Israel (Casa de Israel), cuyo origen está rodeado de misterio.

Algunos creen que descienden de una de las llamadas 10 tribus perdidas del antiguo reino de Israel o de los israelitas que acompañaron a un hijo de la reina de Saba y el rey Salomón de regreso a Etiopía en el año 950 a.C. Otros dicen que huyeron después de la destrucción del primer Templo Judío en 586 a.C.

Estos seguidores de la Torá, practicaban una versión bíblica del judaísmo y rezaban en sinagogas. Pero, aislados del resto de los judíos por milenios, pensaron que eran los únicos judíos que quedaban en el mundo.

En 1977, uno de los miembros de esta comunidad, Ferede Aklum, se unió a una oleada de refugiados etíopes no judíos que cruzaron la frontera hacia Sudan para escapar de la guerra civil y la crisis de hambre que sufría el país.

Ferede Aklum (izquierda) y Baruch Tegegne, líder etíope judío.


Aklum envió cartas a distintas agencias pidiendo ayuda y una de las misivas fue a parar al Mossad.

Para el entonces primer ministro israelí, Menachem Begin —quien fue él mismo un refugiado de la Europa ocupada por los nazis— Israel era un refugio para los judíos en peligro. Los judíos etíopes no eran una excepción y Begin le dio instrucciones a la agencia de inteligencia para que se hiciera cargo del asunto.

Después de entrar en contacto con un agente del Mossad, Aklum pasó el mensaje a su comunidad, explicándoles que tenían más posibilidades de llegar a Jerusalén a través de Sudán que desde Etiopía, que había impuesto severas restricciones a la emigración.

Esto les daba la tentadora oportunidad de cumplir con un sueño de 2.700 años. Y, en el período que siguió, unos 14.000 judíos etíopes hicieron el peligroso viaje de 800 kilómetros a pie, junto con más de un millón de otros emigrantes etíopes que buscaban refugio cruzando al otro lado de la frontera con Sudán.
Esta foto de 1983 muestra una familia etíope judía en Sudán.



A cerca de 1.500 refugiados judíos los mataron en el camino, otros perecieron en los precarios campamentos cerca de Gedaref y Kassala y otros fueron secuestrados.

Como no había judíos en Sudán, un país de mayoría musulmana, les dijeron que no revelasen su religión para no destacarse entre la multitud y para que no los atrapase la policía secreta de Sudán.

Misión de rescate

Casi inmediatamente, comenzaron las actividades a pequeña escala para sacar a los judíos etíopes de Sudán rumbo a Europa (con papeles falsos) y de allí a Israel.

Pero la costa sudanesa ofrecía la posibilidad de realizar operativos a mayor escala.

"Le pedimos ayuda a la marina israelí", le dice a la BBC un agente de alto nivel que estuvo involucrado en la misión, pero que prefirió mantener su nombre en el anonimato.

"Nos dijeron: 'Está bien', así que un par de agentes del Mossad fueron a Sudán para buscar playas donde fuera posible un desembarco. Y así encontraron este pueblo en la costa, en el medio de la nada".

"Para nosotros fue un regalo del cielo. Si podíamos quedarnos con este lugar y arreglarlo, podríamos decir que era un pueblo para hacer buceo y eso nos daría una buena razón para estar en Sudán y, además, para merodear por la playa".

Lo que pasó a continuación es el tema de una película de Hollywood que se estrenará pronto llamada "Red Sea Diving Resort", que cuenta la historia del operativo.



Lugar perfecto

Finalizado en 1972 por empresarios italianos, el complejo turístico consistía en 15 bungalós, una cocina, un gran comedor que daba a la playa, una laguna y el mar.

Pero, como no tenía electricidad ni agua, el proyecto quedó a medio camino y nunca se inauguró.

"Es un lugar muy difícil si no tienes el apoyo del Mossad", dice un espía que no quiso dar su nombre.

Con pasaportes falsos, un grupo de espías que se hicieron pasar como empleados de una empresa suiza fueron a Sudán, convencieron a las autoridades de las ventajas de su propuesta y alquilaron el resort por 3 años a cambio de US$225.000.



Complejo falso

Pasaron el primer año renovando el sitio y consiguieron agua y combustible.

El complejo fue equipado con elementos y dispositivos hechos en Israel, incluyendo aire acondicionados, motores para lanchas y equipos para hacer deporte de primera calidad. Todos estos aparatos fueron ingresados al país de contrabando.

"Trajimos el surf a vela a Sudán" dice Gad Shimron con una sonrisa. "Trajimos la primera tabla, y como yo sabía surfear, les enseñaba a los visitantes. Otros agentes del Mossad también se hacían pasar por instructores de buceo profesionales".

También reclutaron a 15 empleados locales, contando camareras, choferes y hasta se robaron a un chef de un hotel.

Shimron cuenta que ni siquiera los propios etíopes judíos sabían del operativo. A ellos les decían que eran mercenarios.


"Le pagamos el doble", le dice a la BBC un espía.

Ningún empleado sabía el verdadero propósito del resort o que sus jefes eran espías del servicio de inteligencia israelí.

Las espías mujeres estaban a cargo de las actividades diarias, para no despertar sospechas.

El depósito de los equipos de buceo estaba bajo llave, fuera del alcance de los demás. Allí estaban escondidas las radios que los espías usaban para contactar regularmente con el cuartel central en Tel Aviv.

Tras atender a los turistas durante el día, los agentes se escapaban luego por la noche a un punto de encuentro ubicado 10 kilómetros al sur de Gedaref.

"Le decíamos al personal que nos íbamos a Jartum por unos días o que nos íbamos a encontrar con unas enfermeras suecas del hospital en Kassala", dice Shimron.

Allí recogían a grupos de etíopes judíos traídos de contrabando desde los campos de refugiados por un grupo de la misma comunidad reclutado para ese trabajo.

"A los refugiados no les dábamos aviso, para no poner el operativo en riesgo", cuenta Shimron. "Ni siquiera sabían que éramos israelíes. Les decíamos que éramos mercenarios".

Los etíopes judíos eran llevados a una playa en un bote de goma durante una hora y media, y allí cambiaban a un barco para hacer la travesía a Israel.


Desde el punto de recogida, llevaban a los atónitos refugiados en un viaje de dos días (800 kilómetros), evitando puestos de control o pagando sobornos, rumbo a Israel.

Al llegar a la playa, al norte del complejo turístico, la marina y los equipos de aire y tierra israelíes llegaban en botes de goma y se los llevaban a una hora y media de allí, para esperar al barco que los llevara a la Tierra Prometida.

"Todo el tiempo había peligro", recuerda un agente que prefiere mantenerse en el anonimato. "Todos sabíamos que si uno de nosotros quedaba expuesto, acabaríamos ahorcados en el centro de Jartum".

Eso casi ocurrió en marzo de 1982, cuando uno de estos operativos fue visto en la playa por un grupo de soldados sudaneses.

Estos pensaron que eran contrabandistas e hicieron disparos de advertencia, pero el bote de goma cargado de etíopes logró huir a tiempo.

Después de dicho incidente, se decidió que las evacuaciones los dejaban muy expuestos y se diseñó un nuevo plan.

Se les pidió a los espías que buscaran un sitio para aterrizar en el desierto aviones Hercules C130.

El plan consistía en sacar a los refugiados de forma secreta por aire.

El viaje final lo hacían en barco.


Reputación de oro

Mientras tanto, los israelíes continuaban manejando el complejo turístico y entreteniendo a los visitantes. Para entonces, el resort de Arous ya había ganado muy buena reputación.

Entre su variada clientela había unidades del ejército egipcio, soldados británicos, diplomáticos extranjeros de Jartum y funcionarios sudaneses. Todos ignoraban la verdadera identidad de sus anfitriones.

El complejo de Arous se volvió tan exitoso que se hizo económicamente autosuficiente, para alivio de los contadores del Mossad.

Parte de las ganancias se utilizaba para alquilar los camiones que se llevaban a los refugiados.

Jonás dentro de la ballena

Mientras, se llevaban a cabo las transferencias en avión, Shimron y su equipo se enteraron de que había una pista británica abandonada después de la II Guerra Mundial cerca de la costa y, una noche de mayo de 1982, aterrizó allí el primer Hércules con un pelotón israelí.

Años más tarde, uno de los 130 etíopes rescatados en ese vuelo le dijo a Shimron: "No tienes idea lo que significó para mi viajar en un avión, cruzando el desierto sudanés en medio de la noche".

"Nunca antes en mi vida había visto un avión. Me sentía como el profeta Jonás dentro del estómago de la ballena y, de repente, tres horas más tarde, estaba en Israel".

Un avión Hércules israelí.


Después de dos vuelos, el Mossad descubrió que las autoridades de Sudán sospechaban algo (el agente que me lo contó está convencido de que fue un beduino el que fue con el cuento), y el equipo recibió órdenes de buscar otro sitio de aterrizaje.

Encontraron un lugar adecuado mucho más cerca de Gedaref, que resultaba más ventajoso porque reducía el viaje con los refugiados a un par de horas.

El problema era que no era una pista, sino "solo un pedazo de desierto", explica uno de los espías.

Tenían muy poca luz y los aviones tenían que recurrir a muchos dispositivos de ayuda para encontrar las "pistas", después de un largo y tedioso vuelo en la oscuridad.

A pesar de las complejidades y las potenciales consecuencias catastróficas, se hicieron 17 vuelos clandestinos con ayuda y coordinación del complejo del Mar Rojo, a unos 600 kilómetros de distancia.

Hacia finales de 1984, se declaró hambruna en Sudán y se decidió escalar las evacuaciones.

Con intervención de Estados Unidos y el pago de una gran suma de dinero, el general Jaafar Nimeiri acordó dejar que los refugiados judíos volaran directamente de Jartum a Europa.

Lo hizo con la condición de que todo se mantuviera en secreto, para evitar repercusiones en el resto del mundo árabe.

Mediante 28 vuelos encubiertos en varios Boeing 707 prestados por el dueño judío de una aerolínea belga, 6.380 etíopes judíos fueron trasladados a Bruselas y de allí, a Israel.

Este rescate llevó el nombre de Operación Moisés.

En este Being 707 cientos de etíopes viajaron a Israel.


La información se censuró pero, al final, hubo "una filtración a la prensa por parte de alguien de la Agencia Judía (una organización no gubernamental israelí)", explicó uno de los espías.

La historia se escapa de las manos

Periódicos alrededor del mundo publicaron la historia el 5 de enero de 1985 y Sudán terminó inmediatamente los vuelos.

Públicamente negó haber participado en los operativos y desestimó las acusaciones de que había gestado con Israel un "plan etíope-sionista".

El Mossad continuó manejando el complejo de veraneo para mantenerlo disponible como una opción para operaciones encubiertas.

A pesar de la pausa en los operativos de rescate, los espías tenían que seguir atendiendo a los visitantes y Shimron organizó allí un par de veces las fiestas de Navidad y Año Nuevo.

Afuera, el ambiente había empezado a cambiar. "Desde enero de 1985 podía sentir que se venía un golpe de Estado", explica Shimron.

No tomó demasiado tiempo.

Cuando el general Nimeiri fue derrocado por un golpe de Estado, el operativo entró en peligro.


El 6 de abril de 1985, el general Nimeiri fue derrocado por oficiales del ejército. Fue un cambio que puso en peligro los operativos en Arous.

La nueva junta militar quiso deshacerse de los espías de la agencia israelí, reales o imaginarios, para reivindicar sus credenciales en el mundo árabe.

El jefe del servicio de inteligencia israelí dio la orden de evacuar el complejo turístico. Lo hicieron, sigilosamente, al día siguiente.

"Seis de nosotros dejamos el sitio al amanecer en dos vehículos", dice uno de los espías que no quiso ser identificado.

"Un C130 aterrizó por el norte, en una pista que no habíamos usado nunca. Nos subimos al avión y nos volvimos a casa".

"En el complejo solo quedaron turistas", dice. "Se habrán despertado por la mañana y se habrán encontrado solos en el desierto. Los empleados seguían allí, pero nadie más (el instructor de buceo, la manager y todos los demás desaparecieron).

Tras la partida de los espías, el complejo se cerró.

Para los 492 etíopes judíos varados tras el abrupto final de la Operación Moisés, se hizo un nuevo vuelo dos meses más tarde organizado por el entonces vicepresidente de Estados Unidos George Bush, y un Hércules estadounidense se los llevó a Israel.

En los 5 años siguientes, se hicieron más operativos que se llevaron a casi 18.000 etíopes al estado de Israel para que pudieran comenzar una nueva vida.

Shimron no se siente un héroe. Los héroes fueron los etíopes judíos, dice.


Ferede Aklum era uno de ellos.

"Los etíopes judíos son los verdaderos héroes en esta historia", dice Shimron mientras bebe un sorbo de té en un café de Tel Aviv. "No los pilotos, no los espías del Mossad".

"Pienso en lo que vivieron. Horrores que una persona común no podría tolerar ni siquiera un día".

"Nosotros solo hicimos nuestro trabajo".

Fotos retomadas de BBC

jueves, 23 de agosto de 2018

Niña de 12 años consigue la mejor foto en años del mítico ‘monstruo del Lago Ness’

EDINBURGO, 23 agosto 2018 (Noticieros Televisa).- Pie Grande, el Yeti, el Diablo de Jersey… parece que cada país tiene su versión del Chupacabras, criaturas míticas de la era moderna que han fascinado al mundo a través de la cultura popular. Pero pocas son tan famosas a nivel mundial como el llamado “monstruo del Lago Ness”.


La imagen de arriba es quizás la más conocida de las supuestas evidencias de la existencia de esta criatura mítica escocesa. Tomada en 1934 por un cirujano de nombre Robert Kenneth Wilson, la foto fue exhibida hace muchos años como un fraude, pero eso no ha impedido que miles de turistas intenten captar en su cámara al elusivo monstruo marino a lo largo de las décadas.

El intento más reciente generó noticias en los tabloides del Reino Unido. El fin de semana pasado, una niña de 12 años de nombre Charlotte Robinson visitó el famoso lago con su familia. En algún momento, Charlotte se percató de algo extraño que emergía del agua a 15 metros de distancia. La adolescente sacó su celular y capturó en su cámara el fenómeno.

Lo que parecía ser el cuello y la cabeza de ‘Nessie’ (como le dicen de cariño) estuvo a la vista por un minuto hasta que se sumergió de nuevo. Pero luego…

Pero después de un minuto desapareció y luego volvió a subir en otro lugar. Estuvo por menos de un minuto la segunda vez.



Las imágenes se divulgaron por redes sociales y pronto las etiquetaron como las mejores fotos de ‘Nessie’ en años. Un experto local que lleva décadas buscando al monstruo dijo que no había visto imágenes tan nítidas en mucho tiempo.

Supuestas evidencias como resplandores en el agua o chapuzones son bastante frecuentes. De hecho, en lo que va del año han surgido cuatro “avistamientos” del monstruo, aunque la marca a vencer es del año pasado, con once avistamientos aceptados.

La leyenda del monstruo juega un papel importante en lo que respecta al atractivo turístico del lago Ness. La zona depende de las 30 millones de libras que el turismo aporta a la economía local.

Fotografías tomadas del reportaje de Televisa