Excepto por el solideo, el gorro papal.
Segundos después de que Francisco se asomase a la portezuela del avión, causando el aumento del bullicio de la muchedumbre, una ráfaga de viento le arrancó el gorro.
El pontífice trató de agarrarlo, en un gesto fútil, pues el solideo andaba volando y entonces sonrió y bajó los escalones hacia el suelo de Filipinas, acercándose a las cámaras de televisión, pero sin solideo.
En medio de un océano de planes dirigidos a las audiencias globales, fue un momento genuinamente inesperado.
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